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Después de un largo recorrido que comenzó en junio del año 2007, por fin Pedro Sal y su viaje llegan a Tucumán, su ciudad natal, mi ciudad natal.

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No puedo contar con palabras la emoción y la alegría de mostrar mis obras en este lugar tan poblado de afectos, de recuerdos, de caricias, de sabores de la niñez, de tíos y abuelos hermosos, de siestas con amigas del alma. Recuerdos tan vivos que tocan las fibras más íntimas. Era la nieta más grande, la sobrina más grande, la mimada por todos…, el amor de mis abuelos… Por lo menos así lo sentí y ese amor estructuró mis matrices de aprendizaje y me dio la fortaleza  para ser lo que hoy soy.

Como artista, como intelectual, debo hablar del soporte conceptual que sustenta la producción de estas 85 obras, basada en los vínculos que establecemos con los otros y que necesariamente necesitamos sostener cuando nos alejamos y esa tensión natural puede romperse.  Vínculos que se estiran con solo alguna palabra. Recordar que estamos, que seguimos siendo.

Para Tucumán y mi gente, tengo que hablar de las siestas, sentada en el sillón de mi abuelo, con los pies sobre el escritorio, repasando mil veces esas postales con imágenes cautivantes, con palabras que aún no sabía descifrar, con mundos desconocidos y alucinantes, con aventuras desconocidas…

Les agradezco a todos los hermosos momentos que pasé, volví a casa renovada, llena de afecto, con más energía para seguir  transitando mi camino.

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