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Desde el 1 al 15 de noviembre expuse mis obras en Jadite Galleries, en New York, junto a la artista mexicana Adelia Sayeg y las artistas chilenas Paula Copetta y Estela del Valle.

Una experiencia maravillosa, de un extremo al otro del planeta. Nuevos mundos, nuevas miradas. Otro universo.

La sentí, junto a dos queridas amigas que me acompañaron, como una ciudad muy amigable, casi como parte de alguna de mis vidas… El arte y la cultura se respiran en las calles, muchas culturas conviven, se complementan y crecen juntas, dándole un ritmo y una cadencia increíble.

Una ciudad para recorrerla, paso a paso, de un extremo a otro, saboreando cada instante y dejándose sorprender por su riqueza.

Quiero compartir con ustedes dos críticas realizadas sobre estas obras:

Cartografia del cuerpo.-

 

Están las bifurcaciones, los laberintos las huellas que se hunden en los nudos de cada existencia. Y se produce el conocimiento de uno mismo.

Las imágenes de Lucía son mapas emocionales que le dejan marcas a sus propios paisajes. Porque su  cuerpo es la perspectiva desde la cual se hace presencia su propio mundo y da existencia de lo que esta fuera de si.

Las mesetas de Lucía son territorios que atraviesan cada persona y se piensa en su propio territorio-cuerpo.

Una plena identificación hacia el alma. Un devenir  de sensaciones y “pathos”, sueños mentales. La imagen hacia fuera y hacia adentro.

Memoria de lugares, recuerdos propios ligados con el cuerpo en el mapa de un cuerpo territorial, un paisaje atravesado por un recorrido metafórico.

Cuerpos finos, manos finas, hombros donde las luciérnagas juegan como en un tobogán de luces, acarician las manos ahuecadas, deslizan la lejana niebla de la noche.

Es una belleza huidiza que escapa para transformarse en tierra de carne sublimada.

Es un juego sutil donde el amor al arte convive en una misma carnalidad “solitudo carni” dice V.Fumagalli. Solo carne en soledad.

 

Relación entre cuerpo y territorio. Lucia escarba en la meseta, en su arena con un gesto de inspiración y nos hace respirar la calma del descanso de pensar…no es seguro.

Mirada, materia, color, textura, recorrido silencioso, no casual y sin palabras.

Cuerpo, una metáfora de la raíz de su pasado y su presente, referencia propia de su lugar y su memoria.

Estas mesetas son el cuerpo de un territorio que enmarca a una creadora que presenta sin límites su propia realidad que la persigue desde un lejano tiempo.

Sur del sur. Ser espacio. Un mismo cielo. Una misma piel.

Una misma mirada.

Diría Arthur C. Danto: “se abusó de la belleza”

 

Lic. Salvina Sollima Tamborini

salvinast@yahoo.com.ar

Escribir de Lucía Torres significa hacerlo sobre una artista gestual en las formas y en el contenido por expresar de una manera intensa todas las vivencias que le motivan en su proceso creativo. Es Pintura en la línea de los informalistas, donde la garra y la fuerza expresiva resultan patentes en la composición y en la materia. Presenta un grafismo contundente con ciertas anécdotas suaves y algunas puntuaciones. Es el gesto, la compartimentación, la rabia, la furia, o lo antagónico, la calma; claridades y oscuros que aportan lo irascible, al mismo tiempo que se ampara en lo explícito de sus títulos. Hay un arrastrar del color, así como la despreocupación por lo definido, que nos hablan del retorno a la pintura como una de las vías posibles de regeneración pictórica del contexto de la contemporaneidad, dentro de una composición pensada y lograda.

Con esta serie me reafirmo en lo anterior pero amplificándolo por cuanto el trazo cada vez más se convierte en signo, su velocidad deviene en ritmo sea de forma horizontal o vertical, generando superficies cromáticas superpuestas, rayadas, espacios compartidos, creados, ilusorios. Ese misterio interpretativo, casi teatral en su concepto y acepción moderna, con elementos repetitivos, supuestos retratos que marcan direcciones como el torbellino que absorbe las ideas, atrapando la pintura y ofreciendo la transparencia de colores claros, tenues, como síntesis de lo formal, de ideas preconcebidas que actúan a modo de reconstrucción de huellas del pasado y de sueños impregnados en los lienzos.

Para Lucía Torres todo es tangible, real, aunque sea ilusorio y etéreo; así lo siente desde ese castillo interior, esa fortaleza en que habita la artista y desde la que atisba el futuro de su auténtica pintura, en la que se aprecia no sólo su valía, sino sobre todo su capacidad expresiva, su síntesis y su dominio conceptual. Un espacio que ella comparte intensamente con el entorno, su entorno geográfico y vital; del estudio y el externo de los amigos a los que contagia y con los que desea compartir, aunque las diferencias siempre le impidan transmitir aquello que es tan personal que sólo ella misma una puede entender y expresar: ella misma y su condición de artista.

Entiendo que le falte tiempo, que añore el tiempo, las horas, pero es que la velocidad artística y conceptual que pretende llevar Lucía Torres es el ejemplo de su ansiada dedicación constantemente renovada.

Cuando por primera vez contemplé estos cuadros que ahora presenta, los miré sin querer saber la descripción que Lucía Torres hacía de su propia obra o introducción a la exposición para ver si captaba sus deseos, inquietudes y mensaje icónico. Los miré, los volví a mirar y aunque no conozco la Patagonia, a mi me sugirieron una playa desierta pero con dunas, con muchas dunas elocuentes que evocan una sutil aglomeración de cuerpos, de pieles que estando en soledad se comunican piel con piel. Es la unión entre el paisaje y la humanidad, los cuerpos humanos y los celestes, la soledad y la compañía, el puedo contigo pero sin ti no lo lograré, el te necesito en mi interior ya sea mental o físico.

Lucía vive en un país –Argentina-, yo en otro –España-, pero no por ello hay diferencias en las percepciones pues sus imágenes reales y luego plasmadas en el lienzo son tan válidas como las mías, que sin ser pintadas, al contemplar su trabajo me recuerdan cosas que yo he visto en la naturaleza, en un paisaje, en un atardecer, aunque éste haya sido en el Mediterráneo. De ahí mi admiración ya que en su obra veo retazos de una geografía unificadora, y en ella a los cuerpos, al propio ser, a las superposiciones, a la propia vida y al amor. No es una obra de persona resignada a un arte convencional, sino que es algo novedoso, experimental, pero cargado de raciocinio, de necesidad de expresarse, de meditaciones y estadíos vitales que sin su evolución como persona y como mujer no podríamos ahora disfrutar de forma visual.

Carmen Palacios Albandea

Doctora en Historia del Arte por la Universitat de València (España)

Licenciada en Historia del Arte, Geografía e Historia y en Ciencias de la Educación

 
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2 comments

  1. lilu

    Felicitaciones Lu!Ya sos una artista internacional,me encantó!besos.Lili

    mié Nov
  2. Luis

    Lú, realmente hermosos los comentarios y todas las fotos y me encanta que te haya ido tan lindo, te felicito y me siento orgulloso de mi hermana. Te lo mereces.
    Un enorme Beso. Luis (tu herm)

    mié Nov

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