Nov
24
Archivada en (Exposiciones, General) por Lucia el 24-11-2010

Desde el 1 al 15 de noviembre expuse mis obras en Jadite Galleries, en New York, junto a la artista mexicana Adelia Sayeg y las artistas chilenas Paula Copetta y Estela del Valle.

Una experiencia maravillosa, de un extremo al otro del planeta. Nuevos mundos, nuevas miradas. Otro universo.

La sentí, junto a dos queridas amigas que me acompañaron, como una ciudad muy amigable, casi como parte de alguna de mis vidas… El arte y la cultura se respiran en las calles, muchas culturas conviven, se complementan y crecen juntas, dándole un ritmo y una cadencia increíble.

Una ciudad para recorrerla, paso a paso, de un extremo a otro, saboreando cada instante y dejándose sorprender por su riqueza.

Quiero compartir con ustedes dos críticas realizadas sobre estas obras:

Cartografia del cuerpo.-

Están las bifurcaciones, los laberintos las huellas que se hunden en los nudos de cada existencia. Y se produce el conocimiento de uno mismo.

Las imágenes de Lucía son mapas emocionales que le dejan marcas a sus propios paisajes. Porque su  cuerpo es la perspectiva desde la cual se hace presencia su propio mundo y da existencia de lo que esta fuera de si.

Las mesetas de Lucía son territorios que atraviesan cada persona y se piensa en su propio territorio-cuerpo.

Una plena identificación hacia el alma. Un devenir  de sensaciones y “pathos”, sueños mentales. La imagen hacia fuera y hacia adentro.

Memoria de lugares, recuerdos propios ligados con el cuerpo en el mapa de un cuerpo territorial, un paisaje atravesado por un recorrido metafórico.

Cuerpos finos, manos finas, hombros donde las luciérnagas juegan como en un tobogán de luces, acarician las manos ahuecadas, deslizan la lejana niebla de la noche.

Es una belleza huidiza que escapa para transformarse en tierra de carne sublimada.

Es un juego sutil donde el amor al arte convive en una misma carnalidad “solitudo carni” dice V.Fumagalli. Solo carne en soledad.

Relación entre cuerpo y territorio. Lucia escarba en la meseta, en su arena con un gesto de inspiración y nos hace respirar la calma del descanso de pensar…no es seguro.

Mirada, materia, color, textura, recorrido silencioso, no casual y sin palabras.

Cuerpo, una metáfora de la raíz de su pasado y su presente, referencia propia de su lugar y su memoria.

Estas mesetas son el cuerpo de un territorio que enmarca a una creadora que presenta sin límites su propia realidad que la persigue desde un lejano tiempo.

Sur del sur. Ser espacio. Un mismo cielo. Una misma piel.

Una misma mirada.

Diría Arthur C. Danto: “se abusó de la belleza”

Lic. Salvina Sollima Tamborini

salvinast@yahoo.com.ar

Escribir de Lucía Torres significa hacerlo sobre una artista gestual en las formas y en el contenido por expresar de una manera intensa todas las vivencias que le motivan en su proceso creativo. Es Pintura en la línea de los informalistas, donde la garra y la fuerza expresiva resultan patentes en la composición y en la materia. Presenta un grafismo contundente con ciertas anécdotas suaves y algunas puntuaciones. Es el gesto, la compartimentación, la rabia, la furia, o lo antagónico, la calma; claridades y oscuros que aportan lo irascible, al mismo tiempo que se ampara en lo explícito de sus títulos. Hay un arrastrar del color, así como la despreocupación por lo definido, que nos hablan del retorno a la pintura como una de las vías posibles de regeneración pictórica del contexto de la contemporaneidad, dentro de una composición pensada y lograda.

Con esta serie me reafirmo en lo anterior pero amplificándolo por cuanto el trazo cada vez más se convierte en signo, su velocidad deviene en ritmo sea de forma horizontal o vertical, generando superficies cromáticas superpuestas, rayadas, espacios compartidos, creados, ilusorios. Ese misterio interpretativo, casi teatral en su concepto y acepción moderna, con elementos repetitivos, supuestos retratos que marcan direcciones como el torbellino que absorbe las ideas, atrapando la pintura y ofreciendo la transparencia de colores claros, tenues, como síntesis de lo formal, de ideas preconcebidas que actúan a modo de reconstrucción de huellas del pasado y de sueños impregnados en los lienzos.

Para Lucía Torres todo es tangible, real, aunque sea ilusorio y etéreo; así lo siente desde ese castillo interior, esa fortaleza en que habita la artista y desde la que atisba el futuro de su auténtica pintura, en la que se aprecia no sólo su valía, sino sobre todo su capacidad expresiva, su síntesis y su dominio conceptual. Un espacio que ella comparte intensamente con el entorno, su entorno geográfico y vital; del estudio y el externo de los amigos a los que contagia y con los que desea compartir, aunque las diferencias siempre le impidan transmitir aquello que es tan personal que sólo ella misma una puede entender y expresar: ella misma y su condición de artista.

Entiendo que le falte tiempo, que añore el tiempo, las horas, pero es que la velocidad artística y conceptual que pretende llevar Lucía Torres es el ejemplo de su ansiada dedicación constantemente renovada.

Cuando por primera vez contemplé estos cuadros que ahora presenta, los miré sin querer saber la descripción que Lucía Torres hacía de su propia obra o introducción a la exposición para ver si captaba sus deseos, inquietudes y mensaje icónico. Los miré, los volví a mirar y aunque no conozco la Patagonia, a mi me sugirieron una playa desierta pero con dunas, con muchas dunas elocuentes que evocan una sutil aglomeración de cuerpos, de pieles que estando en soledad se comunican piel con piel. Es la unión entre el paisaje y la humanidad, los cuerpos humanos y los celestes, la soledad y la compañía, el puedo contigo pero sin ti no lo lograré, el te necesito en mi interior ya sea mental o físico.

Lucía vive en un país –Argentina-, yo en otro –España-, pero no por ello hay diferencias en las percepciones pues sus imágenes reales y luego plasmadas en el lienzo son tan válidas como las mías, que sin ser pintadas, al contemplar su trabajo me recuerdan cosas que yo he visto en la naturaleza, en un paisaje, en un atardecer, aunque éste haya sido en el Mediterráneo. De ahí mi admiración ya que en su obra veo retazos de una geografía unificadora, y en ella a los cuerpos, al propio ser, a las superposiciones, a la propia vida y al amor. No es una obra de persona resignada a un arte convencional, sino que es algo novedoso, experimental, pero cargado de raciocinio, de necesidad de expresarse, de meditaciones y estadíos vitales que sin su evolución como persona y como mujer no podríamos ahora disfrutar de forma visual.

Carmen Palacios Albandea

Doctora en Historia del Arte por la Universitat de València (España)

Licenciada en Historia del Arte, Geografía e Historia y en Ciencias de la Educación

May
11
Archivada en (Presentación) por Lucia el 11-05-2008

A partir de esta semana ESTOY JUBILADA en mi carrera docente!!!!!!!,

comencé mi licencia y una nueva etapa.

Siento la gran paz de la tarea cumplida,
de no deberle nada a nadie…,
de no tener nada pendiente…,
de haber hecho lo que quise…,
de haber amado lo que hice en cada momento.

Fueron 35 años de intenso trabajo en los que aprendí muchísimo de cada una de las personas que pasó a mi lado. Todos y cada uno me dejó algo, siempre positivo.
Fueron años en los que traté de dar todo de mí con la esperanza y utopía de que solo la educación puede cambiar al HOMBRE.
Desde el primer día en que elegí ser MAESTRA, me sentí muy importante, porque tenía una misión muy importante en la vida.
Y eso que solo fui MAESTRA DE ARTE, nada más y nada menos…

Comencé a los 15 años a dar clases de Arte Ad Honorem… como se hacía antes… en Talleres de niños, junto a compañeros de la Escuela de Artes ¨Figueroa Alcorta¨ de Córdoba, a la cual asistía tomando clases de Dibujo y Pintura. Allí comencé a acercarme y a conocer lo que significa, y el valor que tiene LA EDUCACIÓN POR EL ARTE.

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Mientras estudiaba, estuve a cargo de los Talleres de Grabado Infanto-Juveniles junto a dos grandes Maestras que influyeron mucho en mi vida: María Ester Brizuela y Tatá Gimenez.

 

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Comencé a asistir a cursos, Congresos, Seminarios y a leer sobre Educación por el Arte. Recurrí a las fuentes y me sumergí en los grandes pensadores y pedagogos y fui construyendo mi camino con la visión de formar al HOMBRE SENSIBLE Y CREATIVO QUE LUEGO CAMBIARÍA EL MUNDO.

 

En 1983 se creó la Escuela de Artes en la ciudad de San Francisco, Córdoba, y me ofrecieron dar clases allí. Comencé a viajar todas las semanas con gran sacrificio pero feliz con el nuevo desafío: por primera vez daría clases a adultos. Mientras tanto, en Córdoba tenía mi Taller de Grabado en el cual trabajaba en mi obra y también daba clases. Mi padre me fabricó una hermosa prensa de grabado a motor, con todas las protecciones posibles para no correr riesgos con los niños que la usaran.

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De esa época es la serie de grabados ¨buscando esa casa¨. Transcurridos tantos años, aún no tengo las estampas de toda la serie, pues lo que me gustaba era trabajar la matriz… la chapa…

El aguatinta es una maravilla y siempre un misterio, pero hacer la serie de estampas… no siempre me sedujo…

Ahora que CREO tendré más tiempo, me dedicaré a hacer las estampas. De a poco iré subiéndolas al blog.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En 1985 vine a vivir a Río Gallegos, iba a nacer mi primera sobrina y no podía perderme semejante experiencia.

Desde que llegué (había venido varias veces antes) me enamoré de la Patagonia, de sus cielos, de la inmensidad, del amplio horizonte, de las ondulantes mesetas… y también de mi actual marido y luego de mis hijos, nietos y toda la gran familia que tengo.

Me sorprendió que las imágenes que estaba haciendo en mis aguafuertes en Córdoba, representaran los paisajes de la meseta, la cual no conocía.

 

 

 

Dije: ¨ESTE ES MI LUGAR y me gustaría tener una casa en la ría con el Taller en el piso superior¨ Y así lo tengo… ya no veo la ría porque la ciudad creció, pero sí mi hermoso Taller lleno de imágenes, recuerdos y proyectos.

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En Río Gallegos no había especialistas en Grabado, por lo cual pude formar el Taller en el Centro Polivalente de Arte y desarrollar la actividad; no por muchos años, porque la verdad es que lo que me gusta es la tarea de proyección, planificación y puesta en marcha de las cosas. Cuando ya caminan solas, prefiero buscar otro horizonte. Por suerte no me pasó lo mismo con la familia…, será porque todos los días hay un desafío…, por mi espíritu canceriano y de Gallo…, no lo sé.

Durante estos 23 años de Patagonia me dediqué casi totalmente a la educación en todos los niveles, siempre dentro del arte, estudiando…, buscando nuevas alternativas…, nuevos caminos, tratando de transmitir todo lo que aprendía con una pasión por momentos insoportable para los que tenían que correr a mi lado.

En ningún momento dejé la producción artística, siempre seguí trabajando silenciosamente, haciendo ejercicios para desarrollar la creatividad, para no perder la mano, para perder los miedos al plano en blanco, a la mirada del otro… a todo lo que tenemos los que de alguna manera creamos.

Como el grabado necesita tiempo constante, sistemático y contínuo para no cometer errores, y yo me encontraba en plena tarea de madre y educadora, me dediqué al dibujo y posteriormente a la pintura. Encontré en la meseta la expresión de todo lo que la Patagonia me transmitía y llegué a mi primera exposición individual ¨meseta…. patagonia…, esa piel…¨.